El nacimiento de Adrià

Tal día como hoy, un 8 de octubre de hace un año, a las 2.47 de la madrugada, le tenía en mis brazos…

Sobre las cinco y media de la tarde del día anterior, había tenido mi primera contracción. Me quede de piedra al tenerla, estaba en la cocina (limpiando, como no) y me dije: ¡Sí! ¡Es una contracción! Y me puse a saltar y a correr de felicidad por toda la casa (de aquella manera, gorda y pesada). Hacía cinco días que había salido de cuentas y tenía muchísimas ganas de que llegara el gran acontecimiento. Las contracciones eran muy suaves y esporádicas, en ningún momento mire cuándo venían, ni cuánto duraban, no lo creí necesario. Llamé a Carlos (el papá), que estaba trabajando y no me cogió el teléfono. No quería llamar a nadie más para que no me agobiasen, pero al rato llamó mi hermana pequeña, que me había dado todo su apoyo porque quería tener al nene en casa… Y se me escapó, se lo dije, no pude aguantarme. Ese mismo día tenía cita con las matronas, a las siete de la tarde, así que cuando llegarón les solté: ¡¡¡Ya viene, mañana sobre estas horas ya le tendré!!!

Durante la visita, las contracciones se hicieron más seguidas y cada vez más fuertes. Al principio podía hablar con tranquilidad, pero cuando se fueron ya me costaba más.  Las matronas me habían recomendado que experimentase con mi cuerpo, que moviese las caderas, que me pusiera en la pelota, que bailase, que cambiase de posturas, que me hiciese una infusión de canela y clavo si me apetecía… Cuando se fueron, llegó Carlos, mi marido. Eran las  20.30.  Carlos se las había encontrado charlando en el portal y le habían dicho que de ese fin de semana no pasaba…

Cuando subió a casa le dije que me iba a dar un baño mientras él se duchaba. Me relajé y mientras me despedía de mi preciosa barriga, podía sentir que pronto tendría a mi bebé en  brazos. “Todo saldrá bien cariño mío, tú sabes el camino, yo estoy contigo”, le decía.

Y enseguida que dejé de escuchar correr el agua  del otro baño, me levanté. ¡Dios, qué ganas de salir de la bañera! ¡Agua fresca y a secarme! Tenía muchas ganas de orinar, así que me senté en el baño y al secarme… ¡EL TAPÓN MUCOSO! De cachondeo le dije a Carlos “jejeje, mándales un mensaje a las matronas, que ya he expulsado el tapón y que pronto podrán venir”. Y de repente me entró el cague, me puse a llorar y a gritar desesperada ¡¡¡AHHH, NO VOY A PODER, NO VOY A SER CAPAZ, NOOOO!!!

Pero hacia unas horas Amalia, una de las matronas, me había dicho “no te preocupes, en algún momento te entrará el miedo, es normal”. Enseguida me calmé y pensé “no puede ser, las primerizas están unas dieciocho horas como mínimo para parir…” Pero cada vez las contracciones eran más fuertes, más seguidas y duraban más.

Me entró la urgencia de decirle a Carlos dónde estaba todo, porque suponía que iba a tener tiempo de sobra durante la dilatación y no me había preocupado de decírselo antes (los plásticos para cubrir sofá y cama, la muda del nene, la toalla, sábanas…) Todo iba muy deprisa, “no puede ser esto va muy rápido no puede ser, muy rápido, una y otra y otra contracción, no puede ser, soy primeriza…”, me repetía a mí misma mientras iba encenciendo velas por toda la casa y atenuando las luces. Me puse el reproductor mp3 para escuchar el canto carnático que la semana anterior había grabado con el grupo de mamis, fui a la cocina, saqué del armario de las especias, casi sin ver (¡todo iba tan rápido!) la canela y la tiré sobre  la encimera, junto con el clavo y una ollita. Y le solté a Carlos “por si me apetece una infusión”. Entonces él me preguntó “¿Cómo la hago?” a lo que le respondí “COMO TE DÉ LA GANA”… Y es que las contracciones eran muy seguidas y desde que había salido de la bañera me tenía que encoger, agacharme tirándome al suelo: mi cuerpo me lo pedía. Intentaba experimentar con las posturas y el movimiento como las matronas me habían recomendado, pero no podía.

Me apoyé en la pelota a cuatro patas, pero se me escapaba cuando tenía la contracción, no estaba cómoda en ningún sitio y en todo momento tenía la sensación de que iba muy rápido, demasiado rápido para una primeriza… Entonces me meé… O no… ¡Había roto aguas!

Mientras Carlos controlaba el tiempo, me coloque en el sofá sobre el apoyabrazos, a cuatro patas, y de allí no me moví en espera del resto de contracciones (fuera experimentar, fuera tomar nada, ¡no tenía tiempo!). Carlos llamó a Rosa (la otra matrona) y cuando llegó se puso a mi lado y me susurró “Marga, está lloviendo, como tú querías”. ¡No me puse a llorar porque tampoco me daba tiempo! “Quiero oír la lluvia”, les dije, y me abrieron las persianas y la escuché. Qué bonito, sentí que la tierra me acompañaba, era el momento, y seguí escuchando el canto carnático, centrándome en él, en mi bebé. Le dije a Rosa si quería escuchar el canto y lo estuvimos escuchando las dos un rato hasta que empezó a molestarme el pelo, el mp3, el dichoso ruidito de la pelota (Carlos estaba sentado en ella y se movía)… No podía verles, no me sentía cómoda, así que me giraba e intentaba descansar y desconectar del mundo, sólo yo y Adrià.

Durante las contracciones pensaba en él y le hablaba mentalmente “¿Estás bien? Ésto es normal, tranquilo, te quiero cariño, pronto estarás en mis brazos, la mamá está contigo ayudándote”. De vez en cuando Rosa me miraba la línea púrpura para comprobar la dilatación. ¡BENDITAS MANOS FRESCAS! Qué bien me sentaba que me tocase las lumbares. Recuerdo que en un momento tuve una contracción y con la cabeza dije “NO, OTRA NO. No puedo más, quiero descansar” Y enseguida Rosa me dice “Tócate…” ¡Oh! ¡Era la cabecita de Adrià!, ya no podía más, tenía que tumbarme, me dolía mucho, necesitaba descansar y apoyar la espalda. Me tumbé, se veía la cabecita un poco en cada contracción “No, no quiero parir así, tumbada. ¡¡¡NO!!!”

Necesitaba cambiar de postura, ponerme a cuatro patas y entre Rosa y Carlos me ayudaron. Me quedé con una pierna encima del sofá y la otra en el suelo, estaba cómoda pero no del todo, y a la siguiente contracción pude colocarme, apoyada en el sofá y con las rodillas en el suelo “¡POR AQUÍ NO VA A SALIR, NO CABE!” grité tocando su cabecita, siguiendo con los dedos mis labios. ¡Dios, cómo quemaba! y volví a gritar “¡¡¡MI HIIIJOOO!!!” Recuerdo que salió de mis adentros con un tono desgarrador, (he intentado volverlo a gritar otras veces de la misma forma y no hay manera, fue el momento, queda claro) y salió la cabecita y… “¿Qué es ésto?” ¡Ohhh! ¡Eran sus deditos! Qué bonito, había sacado un bracito, ¿querría tocarme? Otra contracción y ya estaba la mitad afuera, entonces se puso a llorar, y a la siguiente contracción, Rosa le cogió… Me giré, quería quitarme el camisón (estaba chorreando), deseaba tenerle en mis brazos, ponérmelo piel con piel, me senté en el sofá y me sobrevino una fuerte explosión de sentimientos. ¡QUÉ GUAPO! Era mi bebé, pudimos hacerlo, ya está hecho ¡Todo el mundo se tendría que callar!, lo habíamos conseguido: ¡TUVE A MI BEBÉ EN CASA!

Hacía años que quería tener a mis hijos en casa, pero un día hablando con unas personas me lo quitaron de la cabeza ante comentarios tan típicos como “¡Y si pasa algo te arrepentirás toda la vida!” Pero tuve una caída con la moto que me obligó a ir a rehabilitación, y me quede embarazada (desde entonces a todas las mujeres que buscan tener un bebé les ofrezco la moto, jajaja) y ahí estaba la fisioterapeuta, que me habló de Naixença y me recomendó el grupo de parto en el que encontré el apoyo que necesitaba para confiar en mí. Quiero agradecer a todos, a mis comadronas y, sobre todo, a mi marido Carlos, que estaba muy reacio al principio pero al final me apoyo por completo. Y a mi niño, que supo lo que tenía que hacer. Un año después lo recuerdo como si fuese ayer, con los ojos llorosos de emoción y deseando pasar por el tubo otra vez. Pero mucho más adelante que tengo que disfrutar de Adrià. ¡QUE EXPERIENCIA LA MATERNIDAD!

Marga Picó, mamá de Adrià. 08/10/2012

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3 pensamientos en “El nacimiento de Adrià

  1. Muchas gracias por compartir tu experiencia. Me he emocionado mucho leyéndote, vaya, que he llorado ja ja ja! Me has hecho recordar el nacimiento de mi hijo, que si bien no fue en casa, como yo deseaba, fue también fantástico. Un abrazo y felicidades!

  2. Hola a todas, leyendo vuestros relatos la verdad es que me emociono! Tengo que parir en enero y estaba dudosa de donde parir, si en casa o en el hospital, la verdad es que me gustaría parir en casa, pero no se a donde dirigirme para encontrar una matrona, protocolos, etc. ¿me podeis ayudar?

    gracias!

    • Hola Lucía! Disculpa el retraso en responder, se había “traspapelado” tu comentario! Si quieres, puedes escribirnos un email a naixensa@hotmail.com, y desde allí nos comunicamos y te pasamos info. Enhorabuena por tu embarazo, gracias y disculpa otra vez por no haberte respondido antes!

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