Master en 13 horas de atención al parto y nacimiento (o el día que más aprendí profesionalmente)

A mis 40 años, y con toda la sabiduría que nos da la vida, decidí parir a mi tercer hijo en casa. Respetaba los partos en casa pero nunca me había parecido la opción que yo elegiría, supongo que influida por mi formación (soy comadrona).
No recuerdo cómo surgió la idea, pero sí cómo se fue incrementando. Diez años atrás se me había extirpado la glándula tiroidea por un carcinoma papilar, de propina también se llevaron la paratiroideas. Esto significa que debo tomar tratamiento hormonal sustitutorio. Empecé a pensar en las pruebas a las que sin necesidad sería sometido mi hijo.
Al cabo de unos meses, se me diagnosticó una diabetes gestacional por dos controles ligeramente alterados, y aquí sí que lo tuve clarísimo. Conocía los protocolos hospitalarios de atención al recién nacido de madre diabética y sumándole lo anteriormente dicho, no podía soportar la idea de que mi bebé fuese acribillado a pinchazos sin ninguna necesidad, sólo por el protocolo del si acaso.
Todos mis controles eran normales, por tanto no podía influirle en nada. Tengo que agradecer al endocrino que me visitaba su respeto y apoyo a mi decisión.

Esta decisión no fue aceptada por mi pareja. Como la mayoría de la gente estaba convencido de que el lugar adecuado para parir era el hospital y, por supuesto, asistida por un médico, ¡que son los que más saben!
Conseguir que mi pareja comprendiera que me quedaba en casa para proteger a mi bebé resultó un trabajo duro y todavía más el que comprendiera que la experta en partos normales, era yo misma. Primero, porque cuando nací ya sabía parir. Segundo, porque ya había parido dos veces y, tercero, porque además soy comadrona. Como toda persona inteligente, acabó por entenderlo.

Alucinaba con la posibilidad de poder estar rodeada de mis hijos, mis padres y mi pareja. El parto duró trece horas, una más que los dos partos anteriores. Seguramente hubiese podido ser más rápido, pero no tenia prisa, me gustaba y me recreaba en ello, ¡era el último!

Profesionalmente me acompañó un comadrón, que era el único que asistía partos en aquel momento, y una compañera que me había pedido asistir. Fue con ella con la que poco más tarde fundamos “Deu LLunes” (diez lunas), grupo de comadronas que asistimos parto y nacimientos en casa.

Estas maravillosas horas me enseñaron:

La importancia del espacio físico. Mi dormitorio se convirtió en mi nido. La puerta estaba cerrada, sólo entraban las personas que yo quería y cuando yo quería. La ventana estaba abierta, me gustaba ver la luz del día y a mis perros que no se separaron de ella en ningún momento. Las sonatas para piano (K. 283,331, 332 y 333) de Mozart no dejaron de sonar en ocho horas, el volumen era alto, me encanta sentir vibrar las teclas del piano. Recuerdo que una persona me insinuó que la música estaba muy alta y le pedí que dejase la habitación si le molestaba.

Que hay que tener preparado todo lo que deseamos, aunque no quiere decir que vayamos a utilizarlo. Durante el embarazo, siempre penséempre pensé que pariría en el agua, me apasiona el agua. Pero al final, durante el trabajo de parto, sólo tomé una ducha con finalidad higiénica, no soportaba estar mojada.

Que no hay que tener prisa. No sabía que se podía parir con una contracción uterina cada diez minutos, que lo importante es la intensidad y la duración de las contracciones más que su frecuencia. En el hospital, si no se conseguía “una buena dinámica” (tres contracciones en diez minutos), se estimulaba con oxitocina porque “con esta dinámica no vamos a ningún sitio”. Comprobé que el periné necesita su tiempo para distenderse, aunque en el hospital, si el bebé no salía en “dos contracciones” se practicaba una episiotomía (tengo dos de mis partos anteriores).

Que se debe adoptar la posición que se desee. Cambiando espontáneamente de posición descubría de qué manera me resultaba más agradable. La posición en cuchillas, casi rozando el suelo con los glúteos y agarrada con las manos a una barra de la cama, fue un gran descubrimiento. En el momento del nacimiento estaba sentada en una banqueta de partos, mi pareja me sujetaba la espalda.

Que no pasa nada si el bebé se toma un tiempo para empezar a llorar (a algunos no les apetece), yo misma corte el cordón umbilical cuando acabó de latir. Desde entonces me encanta observar cómo los bebés son capaces de expulsar las secreciones, cómo van cambiando de color, cómo empiezan a llorar, etc.

Que la placenta puede tardar un poco más de media hora en desprenderse. La mía tardó cuarenta minutos. En el hospital, a los treinta minutos se hace una extracción manual con anestesia.

Que en sólo diez minutos el bebé ya estaba cogido a la teta, los dos anteriores fueron llevados a nidos unas seis horas. Afortunadamente, hoy día en todos nuestros hospitales públicos es posible poner al bebé en la teta desde el primer momento. No es así en los privados ya que siguen separando a los bebés de las madres durante unas horas.

Expermienté la importancia del colecho. El primer día durmió en nuestra cama toda la noche y así lo hicimos siempre que quiso. Nunca sufrimos de falta de sueño, descansábamos muy bien y supo “independizarse” a su cama sin ningún problema.

Conocía bastante bibliografía sobre parto natural y sobre otro tipo de atención al parto y nacimiento, pero nunca lo había experimentado, simplemente porque nunca había dejado que ocurriese. La experiencia vivida fue tan explosiva, que solo las mujeres que han parido en hospital y en casa pueden entender la importancia de ello.

El parto y el nacimiento fue filmado a petición mía, con la intención de que pudiera ser útil a los grupos de preparación al parto. No sabía que se convertiría en mi gran enciclopedia de atención al parto y nacimiento. Casi ocho años después, todavía sigo descubriendo y aprendiendo algo nuevo cada vez que lo veo.

Nunca había escrito nada sobre el nacimiento de Pere Arnau (mi tercer hijo). Siempre he sido consciente de la transformación profesional, pero nunca hasta ahora había realizado una lectura tan profunda y emocionante. No pensaba tener más hijos, no busqué este embarazo (al menos conscientemente), aunque fue muy bien recibido y fui muy feliz, como con los dos anteriores. Me parece un estado ideal que acaba demasiado pronto.

Tengo que agradecer a Pere Arnau el haber decidido venir a este mundo. De no haber sido así probablemente no existirían, entre otros:

“Deu Llunes” (grupo de comadronas que asistimos parto y nacimientos en casa), nació al poco tiempo de su nacimiento, tenia que contribuir de alguna manera, no podía consentir que las mujeres y los bebés se perdiesen semejante oportunidad por falta de atención profesional.

“Naixença”, asociación que defiende el derecho a un parto y nacimiento natural y más respetuoso. La fundamos dos años más tarde, una madre indignada por la atención recibida en sus partos (Coloma) y otra con mucho que contar y reivindicar (yo misma).

“Recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud” incluidas en la Ley de Salud Balear. Gracias a las gestiones realizadas a nivel político por la Asociación Naixença y al apoyo conseguido por la Associació Neixer i Creixer (desarrollo integral de la infancia) y por ABAM (Associació Balear Lactancia Materna).´

-Estoy trabajando el tema desde mi tesis doctoral.

Por todo ello y por mucho más, gracias Pere Arnau.

Roser Gallardo Ferrer
Comadrona, Antropóloga.

Octubre 2005

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5 pensamientos en “Master en 13 horas de atención al parto y nacimiento (o el día que más aprendí profesionalmente)

  1. Sos una grande Roser! y aunque no te lo creas el que fueras mi comadrona desde mitad del embarazo, hizo que me animara a vivirlo de forma natural…animal…. A PARIR CONCIENTEMENTE…Cuando Dios nos ilumine con el segundo, espero estés en casa con nosotros!GRACIAS!

  2. Gracias Roser por compartir tu testimonio, me he emocionado muchisimo. Es un verdadero placer haberte conocido y formar parte de esta maravillosa asociacion.
    Un beso muy grande y enhorabuena por el nacimiento de Pere.
    Marga P

  3. Hola Roser,
    Me encantaría poder parir en casa, pero me diagnosticaron diabetes gestacional…no me pincho insulina, y tengo los valores supercontrolados…rara vez me sube más de 120 despues de comer. Me gustría saber tu opinión, en todos sitios leo que está desaconsejado…

  4. Hola Leila
    La mayoría de veces, es una intolerancia a la glucosa y si está tan controlado, no veo ningún problema para parir en casa.
    Saludos
    Roser

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